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Por Florencia Guma | Licenciada en Nutrición
Consultora en política y gestión de la seguridad alimentaria. Referente territorial del Ministerio de Desarrollo agrario
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Cada 16 de octubre, el mundo conmemora el Día Mundial de la Alimentación, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para reflexionar sobre los desafíos que enfrentamos para garantizar el acceso a una alimentación adecuada. Este año, el lema es “Innovar hoy para nutrir mañana”, una invitación a pensar qué transformaciones necesitamos impulsar para construir sistemas alimentarios más inclusivos, sostenibles y capaces de responder a las necesidades de la población.
Pero ¿qué significa hablar de alimentación desde nuestra propia comunidad? ¿Qué relación tiene esta fecha internacional con la vida cotidiana de quienes vivimos en Maipú?
Mucho más de lo que imaginamos.
La alimentación empieza mucho antes de llegar al plato
Cuando pensamos en alimentación, solemos concentrarnos en los alimentos que elegimos y en sus características nutricionales. Sin embargo, detrás de cada plato hay una trama de relaciones que incluye la producción, el trabajo, la distribución, los precios, el ambiente y las políticas públicas.
La posibilidad de alimentarnos adecuadamente no depende exclusivamente de nuestra voluntad ni de cuánto sabemos sobre nutrición. También depende de nuestros ingresos, del tiempo disponible para cocinar, de los comercios a los que podemos acceder y de la oferta de alimentos que existe en nuestro territorio.
Por eso, promover una alimentación saludable no puede limitarse a recomendar qué comer. Necesitamos preguntarnos si todas las personas tienen posibilidades reales de acceder a alimentos variados, seguros, nutritivos y culturalmente adecuados.
El derecho a la alimentación implica, precisamente, crear las condiciones para que ese acceso sea posible, sin que dependa exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.
Maipú también forma parte de la respuesta
Hablar de sistemas alimentarios puede parecer algo lejano, propio de los grandes centros urbanos o de los debates internacionales. Sin embargo, también se construyen en localidades como la nuestra, donde la producción, los emprendimientos familiares, los comercios, las instituciones y las organizaciones comunitarias forman parte de una misma red.
En Maipú hay saberes, capacidades productivas y personas que elaboran alimentos y sostienen pequeños emprendimientos. Fortalecer estas experiencias, acompañar a quienes producen y generar oportunidades para comercializar sus productos son acciones que pueden contribuir al desarrollo local.
Las ferias, los mercados de cercanía y los circuitos cortos de comercialización permiten vincular a productores y consumidores, favorecer la circulación de la producción local y sostener fuentes de trabajo. También ofrecen oportunidades para conocer quiénes producen nuestros alimentos, cómo lo hacen y qué valor tienen sus productos para la economía de la comunidad.
Pero estas iniciativas necesitan planificación, acompañamiento técnico, infraestructura y políticas públicas que permitan sostenerlas en el tiempo.
No alcanza con pedir que se compre local si no generamos condiciones para que los emprendimientos puedan crecer, formalizarse y acceder a nuevos espacios de comercialización. Tampoco alcanza con promover una alimentación saludable si los alimentos adecuados resultan inaccesibles para una parte de la población.
El desafío es articular la producción, el desarrollo económico y el acceso a la alimentación como dimensiones de una misma política territorial.
Innovar también es construir soluciones colectivas
La palabra innovación suele asociarse con tecnología y grandes avances científicos. Sin embargo, innovar también puede significar encontrar nuevas formas de resolver problemas cotidianos, recuperar conocimientos tradicionales, mejorar los procesos de elaboración, reducir el desperdicio o construir redes de cooperación entre quienes producen, las instituciones y la comunidad.
En una localidad como Maipú, estas posibilidades pueden traducirse en propuestas concretas: fortalecer los canales de comercialización para pequeños productores, promover capacitaciones, acompañar a los emprendimientos alimentarios, recuperar alimentos y saberes regionales, o generar espacios donde la producción local pueda encontrarse con las necesidades de la población.
Estas acciones no resuelven por sí solas todas las desigualdades alimentarias, pero pueden formar parte de una estrategia más amplia para fortalecer la economía local y mejorar las condiciones de acceso a los alimentos.
La innovación, además, no debería medirse únicamente por la cantidad de productos que logramos elaborar o vender. También debemos preguntarnos si genera trabajo digno, si cuida el ambiente, si fortalece las capacidades de nuestra comunidad y si contribuye a garantizar derechos.
Porque el desarrollo local no consiste solamente en producir más, sino en construir mejores condiciones de vida para quienes habitan el territorio.
Una responsabilidad que no puede recaer solamente en las familias
Frente a los problemas alimentarios, muchas veces las recomendaciones se dirigen exclusivamente a las personas: planificar las compras, cocinar más, elegir alimentos frescos o evitar el desperdicio. Son prácticas valiosas, pero insuficientes si no consideramos las condiciones en las que cada familia organiza su alimentación.
La responsabilidad debe ser compartida, aunque no idéntica. Los gobiernos tienen un papel central en el diseño de políticas públicas que favorezcan el acceso a los alimentos y acompañen a quienes producen. Las instituciones educativas, sanitarias y comunitarias pueden contribuir con información confiable, formación y acciones territoriales. Los sectores productivos y comerciales también forman parte de las condiciones que determinan cómo funcionan nuestros sistemas alimentarios.
Y la comunidad tiene algo fundamental para aportar: sus conocimientos, sus experiencias, su capacidad de organización y su participación en la construcción de respuestas.
Necesitamos dejar de pensar la alimentación únicamente como una cuestión individual y reconocerla como un tema que involucra el desarrollo económico, la salud pública, el ambiente y la justicia social.
Nutrir el mañana empieza hoy
El Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para mirar más allá de la efeméride y preguntarnos qué estamos haciendo, desde nuestro lugar, para construir un futuro en el que todas las personas puedan alimentarse adecuadamente.
El lema de la FAO nos invita a innovar, pero también a reconocer que no todas las respuestas requieren grandes tecnologías. Muchas veces, las transformaciones comienzan cuando articulamos recursos que ya existen, acompañamos a quienes producen, escuchamos las necesidades de la comunidad y sostenemos políticas públicas que convierten las oportunidades en derechos.
En Maipú, pensar la alimentación desde una perspectiva territorial significa reconocer el valor de nuestra producción, fortalecer los emprendimientos locales, promover circuitos de comercialización y trabajar para que el acceso a alimentos adecuados sea una posibilidad real para toda la población.
La alimentación que queremos para el futuro no se construye solamente en los campos, las fábricas o las mesas familiares. También se construye en las decisiones públicas, en las instituciones, en los espacios de comercialización y en la capacidad de una comunidad para organizarse y transformar su realidad.
Este 16 de octubre, la invitación es a hacer propia esta reflexión. Porque innovar hoy para nutrir mañana también significa construir, desde nuestra comunidad, un sistema alimentario más justo, sostenible y cercano a las necesidades de quienes vivimos en ella.