La ilusión de ser campeón de un Masters 1000 permanece intacta y está siendo acompañada por un alto rendimiento del argentino en Miami, un certamen en el que habitualmente demuestra su mejor versión.


El partido empezó con la presión de tener que defender los puntos obtenidos el año pasado, cuando cayó en cuartos ante Grigor Dimitrov, pero Cerúndolo no pareció sentirla: tras un arranque marcado por la agresividad al saque de Humbert —incluso tuvo que levantar un break point— el argentino se asentó a partir del 3-3 y consiguió el único quiebre del primer set con un gran drop.


Durante el encuentro mostró buena lectura del segundo saque rival y pasó a devolver con mucha aceleración. Una de sus mejores jugadas fue el punto anterior al primer quiebre: un revés cruzado que abrió la cancha y le permitió cerrar con un winner de derecha paralela.


Tras cerrar el primer set con esa derecha cruzada, el tenista de 27 años no perdió empuje en la segunda manga y la inició con un nuevo quiebre, favorecido por una doble falta de Humbert.


Con el 2-0 a su favor, sobrevino un tramo con dudas: Cerúndolo desaprovechó un breakpoint, vio crecer a su rival y cedió un punto de quiebre. Pero mostró madurez para levantar esa situación, quedarse con ese juego y con el siguiente al servicio, y luego recibir para partido.


Necesitó un único match point con el saque del francés y repitió la fórmula que le dio frutos en todo el encuentro: jugar con mucha velocidad de pelota ante el segundo saque de Humbert. Buscó su revés, metió el winner decisivo y desató un desaforado y merecido grito de festejo al conseguir la clasificación a los cuartos de final del Masters 1000 de Miami.


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